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Me pregunto con frecuencia por qué nos resulta tan complicado salir de la crisis. ¡Con lo sencillo que fue entrar en ella, ¿verdad?! Fue suficiente con desmelenarnos un poco y mirar hacia otro lado, y, así, casi sin enterarnos, nos vimos inmersos en una debacle sin precedentes. Ahora, sin embargo, lo de volver al punto de partida se antoja más dificultoso. ¿Dónde está la puerta (la ventana también me vale) que nadie la ve?

Un grupo de jóvenes procedentes de seis países europeos lleva meses devanándose los sesos para localizar al menos el destello verde que indica la ubicación de la salida de emergencia, y parece que, al fin, se les ha escuchado gritar “¡Eureka!”.

El mejor tratamiento para curar esa enfermedad que nos ha llevado a la UCI durante varios años es construir una economía más social y más solidaria, centrada en las personas en lugar de la acumulación de capital.

 

Conocí el proyecto Desafiando la Crisis (Challenging the crisis) hace un par de meses, a través de tres de los voluntarios españoles que están participando en él: Andrés, Alba y Belén. Aquí lidera el proyecto la ONG para el desarrollo Economistas Sin Fronteras, en colaboración con entidades de otros cinco países particularmente afectados por la escasez de dinero, el desempleo y la austeridad —Grecia, Italia, Portugal, Irlanda y Eslovenia. Desde entonces sigo con atención sus progresos. ¿Serán capaces de lograr sus objetivos?

La meta máxima que se plantea este grupo de jóvenes es contribuir a crear un mundo más justo y equitativo. Traído al plano más inmediato, quieren que su granito de arena llegue en forma de replanteamiento del sistema económico y, a efectos prácticos, piden algo tan sencillo como que su propuesta se incluya en la agenda de los políticos europeos. Si son escuchados, la UE debería proclamar 2018 Año Europeo de la Economía Social y Solidaria. La ocasión serviría para que la ciudadanía en su conjunto y sin excepción se familiarizara con esta otra forma de hacer economía, y comenzara a entender qué es, para qué sirve, cómo funciona y por qué es una alternativa —no sólo deseable sino también viable— al modelo imperante.

Acciones para el cambio

La hazaña no es necesariamente sencilla, pero me ha alegrado mucho comprobar que en todos los países participantes se están dando pasos firmes para la consecución de estos fines.

Entre las acciones lanzadas, está una recogida de firmas para demostrar a los europarlamentarios que existe un interés generalizado por buscar una salida a la crisis y, sobre todo, evitar que se repita.

En España, el programa de Desafiando la Crisis incluye, además, sesiones formativas y de reflexión a nivel local y estatal, haciendo mucho hincapié en ejemplos vivos, es decir, en iniciativas de economía social y solidaria que ya están en marcha en toda la geografía nacional y en sectores muy dispares: grupos de consumo, cooperativas de energía, banca ética…

Como Belén me explicaba en la III Feria de la Economía Solidaria de Madrid durante la presentación del proyecto:

“Desde el punto de vista del consumidor, se trata de hacer un consumo más crítico. Desde el punto de vista del empresario, se pueden buscar modelos de negocio más democráticos, más transparentes, más horizontales, en los que los trabajadores puedan implicarse”.

Desafiando la Crisis voluntarios

De izq. a der. Belén y Alba junto a otras voluntarias de Economistas Sin Fronteras. III Feria de la Economía Solidaria de Madrid.

 

¿Sí? ¿Se puede?

Para esta voluntaria de Economistas Sin Fronteras, la consolidación de la economía social y solidaria precisa de un cambio de mentalidad, que supere el individualismo y el ansia por acumular riqueza y bienes, y se fije en el impacto que nuestras acciones tienen sobre el medio ambiente y la sociedad en su conjunto. Afortunadamente, añadía, las circunstancias nos han obligado a abrir los ojos:

“Si algo bueno ha traído la crisis es que ha demostrado que el capitalismo no funciona. Por primera vez, se ha comenzado a buscar alternativas, porque mientras todo está bien nadie quiere cambiar nada, claro”.

Por su parte, Alba aseguraba que la gente ya está preparada para el cambio y recibe la economía social y solidaria con los brazos abiertos, pero para usarla tienen que conocerla primero.

“Las universidades y los colegios sólo enseñan la economía ortodoxa, que el capitalismo es lo único que funciona, y eso nadie lo ha demostrado —al contrario— pero ahí está, dentro de las aulas.”

El otro factor influyente, decía, es el económico, especialmente cuando hablamos de bienes y servicios:

“Hay mucha gente que no está preparada económicamente. Hay iniciativas en las que sí te sale bien cambiarte a algo más justo, como la energía (no te van a cobrar más que las grandes corporaciones), pero en otras ocasiones tienes que poner un precio extra para que ese comercio sea justo o la ropa no la fabriquen niños, y eso sí es una pequeña traba para que la gente se una”.

Con sus más y sus menos, lo que está claro es que la economía social y solidaria ha dejado de ser una utopía para implantarse en nuestro país a una velocidad cada vez mayor. La transformación a gran escala se hará esperar, pero ya saben que las casas se construyen poco a poco, empezando desde la base, que ha de ser solida, y con mucho cuidado, ladrillo a ladrillo, para evitar que se vengan abajo.

Eso es justo lo que está haciendo Desafiando la Crisis, empezar por el principio, por la recopilar y difundir la información que permitirá a nuestros vecinos tomar sus propias decisiones. Pero lo mejor, sin duda, es que está liderado por jóvenes, por las personas que van a dirigir nuestras empresas y nuestros gobiernos en el futuro más cercano. Y de una buena semilla sólo puede nacer una hermosa flor.

¿Eres de quienes piensan que hay alternativas? Firma la petición de Desafiando la Crisis aquí

Desafiando la crisis cartel

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3 pensamientos en “Un grupo de jóvenes europeos descubre una cura para la crisis

  1. Pingback: Economistas sin fronteras » Un grupo de jóvenes europeos descubre una cura para la crisis

  2. ¡Hola!
    Además de la economía colaborativa contraria a la sociedad del bienestar, ya enunciada por el rey de Holanda en su discurso de investidura, precisa de una nueva ética en la que el ser humano no sea el centro de la Creación, sino que forme parte activa del planeta, de la Naturaleza junto con las demás especies todas y sus ecosistemas.

    Por otro lado existe una nueva economía que es la de la abundancia, pues el conocimiento, la cultura pasan a ser productos abundantes por su facilidad de copia y difusión, frente a la economía de la escasez clásica.

    Sigue, que vas por buen camino.

    Lamento que te hayan tirado la entrada de menéame. Propón crear un sub de la nueva economía, economía colaborativa o economía de la abundancia o mejor acuña un nuevo concepto.

    Salud y saludos, para todas y para todos, todos.

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    • Muchas gracias, José Luis. Sin duda lo consideraré.
      Me parece muy interesante la idea de la economía de la abundancia y cómo la cultura y el conocimiento fluyen. Intentaré profundizar un poco en el tema y, sobre todo, analizar en qué medida esa abundancia es sinónimo de diversidad/pluralismo, por ejemplo.
      Muchas gracias de nuevo por su aportación 🙂

      Me gusta

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