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El otro día leí una entrevista a Pere Rusiñol, uno de los socios de la publicación Alternativas Económicas, en la que el periodista ponía como ejemplo de medio sostenible o caso de éxito (sí, de éxito, con la que está cayendo) un proyecto llamado Propublica. Íbamos bien hasta que, al avanzar unas líneas, descubrí que, como él mismo decía, la viabilidad de aquella publicación norteamericana se apoya en gran medida en el capital que sus saneados miembros, periodistas de solera y con buen respaldo económico, habían aportado. Una vez más me recordaba que, quien no tiene colchón, no puede hacer periodismo ni digno ni independiente, porque sin él la caída te rompe las espaldas.

Entre ayer y hoy, mi eterno compañero de batallas y yo hemos tenido otro (digamos “necesario”, porque nunca viene mal) choque de realidad.

Nos han ofrecido trabajo. Sí, señoras y señores, ¡trabajo!

Ese producto descatalogado y que ya no se encuentra en las estanterías de los supermercados; ese animalito extinguido que ya sólo aparece en los libros de mitología, porque, como en el caso de los unicornios, ni siquiera podemos demostrar que haya existido alguna vez. Trabajo, como les decía. Y ¡de qué nivel! Fíjense que casi vamos a tener que rechazarlo, porque no sabemos si estaremos a la altura de las circunstancias…

Coincidirán conmigo en que cobrar 10 euros por un texto sobre psicología de 700 palabras (2 páginas de un A4) es algo que sólo se merecen los mejores. 5 años de carrera, 8 años de experiencia en el sector, formación en marketing y medios digitales, ganas y profesionalidad probada valen todas juntas… (redoble, si son tan amables) ¡-8 euros por texto! [Erm… Un segundo, ¿hemos dicho 8 euros en negativo?]

Si descontamos los costes asociados a producir la pieza, el IRPF, el impuesto de sociedades, el alta en la seguridad social multiplicado por el número de horas invertidos en documentarse, escribir, corregir, revisar, elegir las imágenes y publicar (¡ah! con optimización SEO), el resultado es que tengo que pagarle al Estado por humillarme y vender mi alma al primer mindundi que se mea en la puerta de mi casa.

Pero ¿esto qué es? ¿Ustedes qué se han creído, de verdad? ¿Es broma, no?

Es como el show de Truman.

Por favor, que alguien nos señale dónde está la cámara y que salga ya con el muñequito gigante de “Inocente, Inocente”. giphy

Por supuesto, la previsible emoción ante nuestra inconmensurable fortuna me ha tenido toda la noche mirando al techo —como un pueril novatillo el día antes de irse de campamento o de hacer la comunión. Mas, nosotros, que tenemos no una flor sino un rosal entero allí donde la espalda pierde su nombre, no podíamos ni imaginarnos lo que acaecería esta mañana:

“Sí, esto es una oferta de empleo. Una oportunidad al alcance de muy pocos y que queremos presentar de una forma especial. […] Nos apasiona lo que hacemos y nos encanta compartirlo. De ahí que no tengamos grandes sueldos, largas vacaciones ni enorme reconocimiento y prestigio, por el momento. Sin embargo, sí podemos garantizar que lo habrá.”

Ahora que releo la supuesta “oferta de trabajo” me doy cuenta de que nuestra ilusión nos jugó una mala pasada. ¡Cómo pudieron nuestros ojos y nuestro cerebro pasar por alto ese futuro de “haber”! ¡Ay, infelices!

La conclusión es que tras escribir un texto de prueba (al que hubo que dedicarle varias horas, aunque aquí el tiempo no sea moneda de cambio) y pasar una entrevista (“de trabajo” también) “no tenemos ni un duro ni pensamos tenerlo por ahora y tienes que pasar 6 meses de prueba (esta parte me encanta) y luego ya veremos”. Y a ustedes, ¿se les ha descolgado la mandíbula ya?

Me parece a mí que alguien tendría que hacer una revisión semántica de ciertos términos o tener un buen diccionario a mano; porque, no, una oferta de trabajo no es trabajar gratis ni por donaciones, así que, por favor, no insulten nuestra inteligencia, sea de manera intencionada o por ignorancia -que me parece a mí que es lo que predomina.

Hay muchísimos proyectos (porque ahora todos somos emprendedores) que son dignos de mi admiración,

que son loables, que merecen una oportunidad y que salen adelante gracias al esfuerzo inicial de sus fundadores y colaboradores; porque los inicios son así, complicados. Ya ni siquiera les digo que es indigno escribir gratis, porque cada uno regala lo que le apetece y para algunos, que no pintamos, que no cantamos, crear con palabras es el único capital que podemos entregar a los demás. Sin embargo, hay líneas que no pueden cruzarse, por una cuestión de sentido común, por vergüenza, por respeto a los demás que son tan personas como nosotros.

Mañana, les contaré otro cuento, porque, a partir de ahora, vamos a contar mentiras, muuuuchas mentiras…

giphy (2)   Gifs de MOVIEGIFSS.TUMBLR.COM desde Ghipy.com

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