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El Ouishare Open Tour 2015 se inaugura en Extremadura augurando el éxito de los modelos de producción y consumo alternativos en la región.


Hace justo una semana me embarqué en una genial aventura. Tras una larga jornada de trabajo, mi infatigable compañero de batallas y una servidora nos pusimos rumbo a Badajoz.

Puede que, a priori, el enclave pacense no suene exactamente exótico, pero les aseguro que lo que allí se estaba gestando no les dejará indiferentes. Y es que Badajoz inauguraba el primer Open Tour sobre economía y consumo colaborativo que se realiza en nuestro país. ¿Extremeños a la vanguardia? Sí, por favor.

Organizado por la asociación internacional OuiShare y Espacio Convento (un lugar de co-working que ya me había tentado con anterioridad), el evento acogía a tres representantes del sector para explicar los secretos de este otro modo de hacer economía.

Recordando previos posts, podríamos decir que la economía colaborativa nos devuelve a los orígenes de los intercambios humanos en los que la necesidad y su satisfacción se ponían en el centro. Si bien es cierto que, cuando el dinero comenzó a brotar de los árboles, nos olvidamos del esquema para mercantilizar nuestras vidas (todo se compra y todo se vende, por muy inútil que sea), en pleno siglo XXI la tecnología (y las crisis existenciales y financieras) nos han dado una segunda oportunidad para recuperar algo tan sencillo como el trueque, los préstamos entre individuos o la creación colectiva.

“Estamos colaborando con las personas de una manera que es más natural”, decía Pako Rodríguez, conector de Ouishare en España, “hacemos lo que siempre hemos hecho con amigos  y familiares, pero ahora también con desconocidos”.

La panacea: conocimiento abierto

El conocimiento abierto es uno de los pilares fundamentales de la economía colaborativa. Se refiere a proyectos e iniciativas que pueden serles tan familiares como el software libre (Linux) o las licencias abiertas, en general. De ése último punto se encargó de hablar en Badajoz la abogada experta en propiedad intelectual Sara Rodríguez.

“Los artistas son los primeros que buscan opciones fuera de la propiedad intelectual tanto por la protección legal de su obra como por las restricciones que impone la ley como por la industria”.

Contaba Sara que lo que nació para proteger a los autores  (la propiedad intelectual, el copyright) ha llegado a convertirse en un yugo tan fuerte que la aparición de las licencias abiertas —que no tiene por qué ser sinónimo de gratis— es casi la evolución previsible en el sector de la creación artística. Después de todo, ¿qué tipo de legislación llega a multar a una universidad por digitalizar documentos para un campus virtual?

Sara Rodríguez, Ouishare Open Tour. Por Manuel García Garrido.

Sara Rodríguez, Ouishare Open Tour. Por Manuel García Garrido.

Las licencias abiertas configuran un mundo de nuevas posibilidades. Por un lado, para los usuarios, que suelen aparece que son los únicos beneficiarios; por otro (y especialmente), para los creadores que, por primera vez, pueden decidir qué condiciones imponen a sus obras. Por poner un ejemplo, la licencia abierta Creative Commons, una de las más populares, ofrece un campo de acción mucho más amplio que el del copyright y permite determinar los siguientes aspectos de la obra: cómo se realiza el reconocimiento, si se puede usar o no para fines comerciales, si se puede reproducir o modificar y cómo distribuir o compartir la obra original o resultante.

Creative_commons_logoPor lo pronto, en 2014 se contabilizaron 882 millones de obras sólo con licencias Creative Commons y 9 millones de websites usando este tipo de permisos.

Eso de que el control vuelva a estar en manos de los ciudadanos no suena tan mal, ¿no creen?

El tiempo es oro, aunque no sirva para especular

El otro caso ejemplar cuando se habla de economía colaborativa es el de los bancos del tiempo, espacios en los que la moneda de cambio son las horas que podemos dedicar a ayudar a los demás (nuestros ingresos) o que otras personas pueden invertir en nosotros (nuestros gastos).

“Una cosa que me gusta del valor del tiempo es que no sigue la misma filosofía que el dinero. Lo que inviertes en tiempo real es lo que ganas, sin más”, explicaba en Badajoz Jonas Bianchi.

Jonas es el community manager de Time Republik, una iniciativa que ha llevado el modelo del banco del tiempo tradicional (que funciona físicamente en muchas ciudades españolas) a su máxima expresión: una plataforma online internacional en la que el intercambio de destrezas y habilidades supera nuestras barreras espacio-temporales. Gracias a esta herramienta alguien en América Latina puede valerse de mis conocimientos en redes sociales mientras yo me beneficio de las habilidades fotográficas de un socio italiano. Los servicios de traducción, las clases de idiomas y el diseño gráfico son los servicios más demandados, aunque también hay otros que pueden salir del plano virtual si tenemos la fortuna de conectar con un vecino —véase el caso de los paseadores de perros.

giphy (3)

Fuente: TUMBLR.COM

Según explicaba Bianchi, los intercambios de tiempo:

a) Generan confianza,

b) activan la actitud cooperativa de los individuos, incrementando el bienestar social —todos nos sentimos bien cuando sabemos que estamos haciendo algo por los demás—,

c) y nos permite aumentar nuestro “capital” de reputación, es decir, la confianza que despertamos en los demás y que será clave en la economía del futuro; “una moneda que será más poderosa que el historial de crédito en el siglo XXI” en palabras de Rachel Botsman, a quien se atribuyen las bases del movimiento de economía colaborativa.

Las cifras ofrecidas por Bianchi impresionan. Time Republik tiene usuarios de 120 países y un total de 340 talentos y habilidades que ya han permitido el intercambio de 75.000 servicios.

Debe ser verdad eso de que quien prueba la economía colaborativa queda atrapado por su red —pero no se asusten, que es para bien. En cualquier caso, será un placer ver a Extremadura liderar esta pequeña (o gran) revolución.


¿Quieres saber más sobre la comunidad internacional OuiShare? Tienes toda la información en www.ouishare.net

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Un pensamiento en “Economía colaborativa: arte libre y bancos del tiempo

  1. Pingback: Oídos preparados, listos… ¡ya! | Isabel R. Benitez

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