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Clara Maeztu es uno de los 16 universitarios andaluces que, gracias a la ONG Economistas Sin Fronteras, ha podido conocer en primera persona qué significa ser parte de una entidad de economía social y solidaria. Siempre es mejor aprender con la práctica.


Es difícil elegir las alternativas cuando ni siquiera sabes que existen.

Sucede mucho. En la propia Facultad de Periodismo, sin ir más lejos, se explica cómo montar una empresa informativa pasando muy someramente por la diferencia entre una sociedad anónima y una sociedad limitada, resaltando las virtudes de los modelos de gestión verticales y enumerando cuáles son las vías fáciles para producir capital (entiéndase esto dentro de los límites para hacerse ricos con dicha profesión). Tales conceptos se afianzan rápido en la mente del alumno hasta que un día, fuera de esas cuatro paredes, el individuo advierte que existe otra manera de hacer negocios, de hacer economía, y se ve obligado a reorganizar las piezas de su puzle mental.

Algo así, salvando las distancias, le sucedió a Clara Maeztu. Y digo ‘salvando las distancias’ porque, en este caso, la idea que pasó a convertirse en el centro de su proyecto fin de carrera sí que fue mencionada (de pasada, pero nombrada al fin y al cabo) por un profesor. Rápida de reflejos, anotó el concepto en su libreta para desempolvarlo en el momento adecuado.

Clara, que me contaba su historia en la última edición del encuentro IDEARIA (en Córdoba), acabó haciendo su investigación sobre bancos del tiempo y, desde entonces, siguió indagando sobre ésta y otras cuestiones vinculadas al campo de la economía alternativa y participativa.

Hace dos meses, esta trabajadora y educadora social pasaba de la teoría a la práctica y se adentraba de lleno en uno de esos proyectos de economía social y solidaria: la moneda social del Pumarejo, en Sevilla.

Voluntaria en El Puma

La Red de Moneda Social Puma es uno de esos casos ejemplares y recurrentes en nuestro país: una moneda social que facilita los intercambios entre productores y consumidores en el barrio que le da nombre.

Su funcionamiento es sencillo. En la Red de Moneda Social Puma los intercambios se anotan en una cartilla. Cada productor marca un precio en pumas (o mixto, es decir, en pumas y euros) para el producto o servicio que desea intercambiar. Si otra persona lo adquiere, los pumas pasan a la cartilla de la persona que lo ofrece (el productor) en positivo y a la cartilla de la persona que lo recibe (el consumidor) en negativo. Quien primero fue consumidor puede compensar el balance negativo de su cartilla ofreciendo un servicio o producto a otras personas de la red.

Hasta ahí, la moneda social. Sin embargo, la Red Puma va más allá para sacar adelante numerosas iniciativas paralelas.

“Lo curioso es que cuando te acercas al barrio del Pumarejo te abruma, porque tienen un proyecto muy grande. Es un proyecto de proyectos”, explica Clara.

La sevillana destaca el PumaFunding (financiación de proyectos del barrio a interés cero y sin prisas para la devolución del préstamo) o el Baby Puma (un espacio de crianza colectiva) como aspectos de la Red que la han enamorado: “Son inventores sociales”, añade.

Clara (en el centro) junto a Isabel y Andrés, todos ellos voluntarios de Economistas Sin Fronteras, durante el 12º Encuentro de Economía Solidaria y Alternativa en Córdoba.

Clara (en el centro) junto a Isabel y Andrés, todos ellos voluntarios de Economistas Sin Fronteras, durante el 12º Encuentro de Economía Solidaria y Alternativa en Córdoba.

Visibilizando alternativas

La participación de Clara como voluntaria en la Red de Moneda Social Puma ha sido posible gracias al programa “Viviendo las interdependencias globales en la Economía Social y Solidaria”, coordinado por la ONG Economistas Sin Fronteras. Como ella, un total de 16 estudiantes universitarios de Jaén, Granada, Málaga y Sevilla han podido conocer de primera mano cómo funcionan las iniciativas de economía social y solidaria en su región: desde entidades de finanzas éticas, hasta organizaciones de agroecología, software libre, y economía colaborativa.

Clara se enorgullece de haber tenido esta oportunidad. Dice que se lleva a casa una experiencia única —de hecho, le gustaría seguir participando en la Red de Moneda Social hispalense—, aunque no es la única beneficiada.

Campañas como ésta son fundamentales para la visibilización de empresas e iniciativas que, a menudo, pasan desapercibidas pese a su aportación social. Cecilia de Arriba y Noemí González, promotoras de la Red Puma y tutoras de Clara durante su mes como voluntaria, aseguran:

“Este programa de Economistas Sin Fronteras y similares son importantes en tanto en cuanto acercan los proyectos a nuevas personas, permeando en ellas nuevos aprendizajes que pueden polinizar y animar a otras personas a implicarse y construir otro mundo, de manera participativa.”

Si bien el Puma, en concreto, ha recibido bastante atención mediática en los últimos años, lo habitual es que estas formas de pensar la economía sigan relegadas a un segundo plano:

“Sí, es cierto que son iniciativas que no son promovidas por los grandes medios de comunicación, ya que apuestan y hacen real otro tipo de consumo y relaciones y es posible que no sean interesantes para las personas, empresas y monopolios que controlan dichos medios.”

Por supuesto, ésta es una batalla que ha de jugarse en numerosos frentes, empezando por el modo en que las mismas empresas y proyectos se comunican con el resto de la sociedad (¿son minorías idealistas pero con sueños inviables?) y por la propia educación, o sea, la formación en modelos participativos y cooperativos, en valores, desde las aulas.

En contra de todas esas barreras, proyectos como el de Economistas Sin Fronteras permiten experimentar la economía social y solidaria. Y parece que, una vez que se prueba, es difícil desligarse de ella. ¿Se atreven?

¿Queréis escuchar la historia de Clara? Aquí os dejo un extracto de mi encuentro con ella en Córdoba. Espero que os guste.

Música: Rafi:ki https://soundcloud.com/rafi-ki/rafiki-mixtape-015-instrumental-hiphop-triphop bajo Licencia Creative Commons.

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