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El último libro de Albert Cañigueral revela los entresijos de la economía colaborativa en nuestro país y nos da las herramientas para ser más eficientes, ricos y felices.

No sé si me he sentido más identificada con este libro porque acabo de volver de Reino Unido (donde he estado en contacto con muchas de las iniciativas que el autor menciona y he aprendido a vivir con muy poco) o porque estoy a punto de meterme de lleno en la crisis de los 30 y me paso el día tratando de ignorar las preguntas capciosas de mis convecinos —¡¿cómo es posible que no tenga una hipoteca ni el más mínimo interés en “vender mi alma al diablo”, atarme a un coche, o cumplir con los planes que la sociedad ha hecho para con mi generación?!

Sea como sea, el trabajo de Albert Cañigueral me ha servido para coger aire, recuperar el optimismo y, por qué no, comprobar que no estaba tan loca como muchos querían hacerme pensar.  La economía colaborativa es una realidad en nuestro país, y Vivir mejor con menos se presenta como una extraordinaria guía tanto para quienes desconocen las bases de este modelo económico como para quienes ya participan activamente en esta otra forma de hacer negocios, de producir y de consumir “como si la gente importara”.

Vivir mejor con menos actúa como una desbordante fuente de ideas e inspiración para hacer nuestras vidas más eficientes y sostenibles, basándonos en algo tan sencillo como la cooperación, porque eso es, al fin y al cabo, la economía colaborativa: una vuelta a los orígenes, al trueque, a la ayuda mutua, una recuperación de la confianza en los demás.

“Compartir los bienes frente a poseerlos y focalizarse en poner en circulación todo aquello que ya existe. Pasar de entender el consumo como propiedad a entender el consumo como acceso y uso” relata en sus páginas Cañigueral.

Albert Cañigueral durante la presentación de Vivir Mejor con Menos en Espacio Convento, Badajoz.

Albert Cañigueral durante la presentación de Vivir Mejor con Menos en Espacio Convento, Badajoz.

En la práctica

Muchos de los ejemplos que se citan en este libro pueden ser ya conocidos por la mayoría de los lectores aunque estos no los asocien necesariamente al término “economía colaborativa”.

Hablamos de proyectos en los que los usuarios ponen a disposición de otros individuos sus propios coches cuando no los están utilizando, intercambian su casa con otras familias para ir de vacaciones a lugares que, de otro modo, no podrían visitar, o ponen a la venta utensilios que tenían arrumbados en el trastero. Nos referimos a redes en las que amantes de los viajes ceden su sofá a otros mochileros o en las que los implicados intercambian habilidades (como en los bancos del tiempo), al auge de las monedas sociales… Lucrativas o no, todas estas iniciativas tienen en común el hecho de plantear alternativas en las sociedades hiperconsumistas en las que vivimos, demostrando que otra economía, una economía más humana, que reconecta a los individuos para responder a necesidades personales y sociales, es posible.

“Este modelo económico empodera a los ciudadanos (que dejan de ser meros consumidores para pasar a ser productores de valor en muchos ámbitos).”

Cuentos chinos

Así contado, a los más escépticos la economía colaborativa puede parecerles una utopía impracticable; sin embargo, Vivir mejor con menos también aporta ese elemento crítico que permite valorar cada iniciativa en su justa medida.

Sin duda, se están produciendo cambios profundos, acelerados por el auge de las tecnologías de la información (la mayoría de las iniciativas sobreviven gracias a las comunidades online y las aplicaciones móviles), sobre los que, después de todo, hay que legislar.

Por otro lado, estos mismos proyectos están despertando el interés de grandes inversores (con los riesgos que ello conlleva), por lo que la evolución del movimiento dependerá en gran medida de la aplicación del sentido común.

Tampoco podemos ser ajenos a sus implicaciones (¿o deberíamos decir requisitos?) culturales. ¿Tenemos ya a una sociedad preparada para confiar en los desconocidos, dar sin esperar nada a cambio, compartir, cooperar? Si la mayor parte de la población se educa en el individualismo, ¿es viable un éxito generalizado de la economía y el consumo colaborativos? ¿O es sólo algo pasajero, fruto de la necesidad y la crisis en que estamos inmersos?

Por qué sí

Albert Cañigueral en Espacio Convento, Badajoz.

Albert Cañigueral en Espacio Convento, Badajoz.

En sus argumentos a favor de la economía colaborativa, Cañigueral habla de los beneficios emocionales y sociales de quienes participan en estas redes.

El sentimiento de comunidad, la satisfacción de haber ayudado a los demás o de reducir nuestro impacto medioambiental nos hacen tanto o más ricos que ahorrarnos unos euros o beneficiarnos de ciertos servicios gratuitos.

Vivir mejor con menos nos lanza el guante. ¿Se atreven a probar?

“Nunca cambias las cosas combatiendo la realidad existente. Para cambiar algo construye un nuevo modelo que haga obsoleto el modelo actual.” Richard Buckminster Fuller


Por cierto que, aunque yo acabo de descubrir a Albert Cañigueral, este libro es el culmen de muchos años investigando y difundiendo la economía colaborativa en nuestro país, así que recomiendo fervientemente visitar su web: http://www.consumocolaborativo.com   

El mismo libro es un ejemplo práctico puesto que se ha publicado usando una licencia Creative Commons, lo que significa que cualquiera puede descargar y redistribuir la obra siempre que se haga de manera gratuita, se haga referencia al autor y no se modifique su contenido.

Vivir mejor con menos. Descubre las ventajas de la nueva economía colaborativa. Albert Cañigueral. Penguin Random House Grupo Editorial. Barcelona. 2014.

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2 pensamientos en “¿Se puede vivir mejor con menos?

  1. Muy buen artículo! Yo también estuve en la charla y me parecio muy interesante. No se hablo de fantasías si no de que la cultura colaborativa ha venido para quedarse y es una forma de consumo mucho mas saludable, social y responsable que el tipo de consumo intensivo que realizamos hoy día.

    Saludos y mucho ánimo. Las crisis son simplemente épocas de cambio. 😉

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    • Muchas gracias, David. Me alegro de que la presentación fuera también inspiradora para ti. Y, sí, la cultura colaborativa ha venido para quedarse. ¡Ahora es el momento de ayudar a que se corra la voz! 🙂

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